ELECCIONES EN BRASIL: "PAN CON PAN": CAPITALISMO DE IZQUIERDA Vs. CAPITALISMO DE DERECHA.

Las elecciones en Brasil delata la necesidad de un muy incómodo debate para los pueblos: Seguirá "la izquierda" atrapada eternamente en el paradigma del crecimiento económico para democratizar la renta, negociando con el poder económico un pedacito del pastel, o va a asumir su rol de vanguardia trabajando en pos de una Transición Energética Justa?

1. No se puede redistribuir lo que deja de crecer.

La redistribución supone que existe un excedente creciente que puede repartirse. Pero bajo declive energético, si la disponibilidad neta de energía disminuye, la capacidad de sostener producción, transporte, industria, agricultura mecanizada e infraestructura también se contrae. El problema deja de ser solamente quién recibe una mayor porción de la torta y pasa a ser qué tamaño tendrá la torta material disponible.

2. Redistribuir la renta no aumenta la energía disponible.

Podés cambiar quién recibe los beneficios del petróleo, el gas, el litio, el cobre o la agroindustria, pero eso no modifica la cantidad de energía neta necesaria para extraerlos. Una distribución más justa puede mejorar enormemente las condiciones sociales, pero no resuelve la restricción física que determina cuánto puede extraerse y transformarse.

3. El Estado desarrollista necesita cada vez más extracción para mantener la redistribución.

Si los ingresos fiscales dependen de exportar más hidrocarburos, minerales, soja, carne o celulosa, el Estado necesita mantener o aumentar el flujo extractivo para financiar derechos, subsidios e infraestructura. Así aparece una paradoja: la redistribución progresista puede quedar materialmente atada a aquello que pretende superar. Cambia el destino de la renta, pero no necesariamente la dependencia del metabolismo extractivo.

4. El declive energético convierte la distribución en una disputa sobre qué debe decrecer.

Cuando ya no es posible aumentar simultáneamente todos los consumos, la pregunta decisiva deja de ser solamente “¿cómo distribuimos el crecimiento?” y pasa a ser: ¿qué actividades tienen prioridad y cuáles deben reducirse? No es lo mismo garantizar alimentos, agua, vivienda, salud y transporte básico que sostener turismo aéreo masivo, publicidad, obsolescencia tecnológica, minería especulativa o consumo suntuario. La justicia energética implica decidir democráticamente qué se conserva, qué se transforma y qué desaparece.

5. La verdadera transición no consiste en repartir mejor la escasez, sino en reducir la dependencia social de la energía abundante.

Una sociedad puede intentar administrar el declive repartiendo equitativamente cada vez menos recursos, pero eso sería solamente una política distributiva dentro de una contracción. La alternativa más profunda es transformar las condiciones materiales de la vida: menos dependencia del petróleo, menos cadenas logísticas innecesarias, menos concentración, más producción local, agroecología, reparación, comunidad, soberanía energética y alimentaria y satisfacción de necesidades fundamentales con menor metabolismo material. Ahí aparece la diferencia entre una izquierda desarrollista y una izquierda para la Transición Energética Justa.

La síntesis podría ser brutalmente sencilla:

El desarrollismo pregunta cómo repartir el crecimiento. La Transición Energética Justa pregunta cómo garantizar una vida digna cuando el crecimiento material deja de ser posible.

Si Lula pierde las elecciones, no pierden los pueblos sino el agronegocio... y me disculpo por ser "políticamente incorrecto".

El Declive energético vino para quedarse y el imperio norteamericano lo sabe bien. Por éso la planificación extractivista de la doctrina Monroe se sustenta en petróleo y minerales estratégicos para el complejo industrial militar y nada más. EEUU quiere destruir toda la complejidad social de Brasil y de todos los países latinoamericanos, para asegurar los privilegios de sus élites, y su alfil es Bolsonaro, pero esa descomplejizacion es a todas luces inevitable dado los límites biofísicos y geológicos del planeta. Y ésto es esencial comprender a la hora de hacer cualquier análisis de la actualidad. Bolsonaro y Lula representan la dos caras de una misma moneda llamada capitalismo tardío.

Decrecimiento acelerado con saqueo descarnado, represivo y con extrema violencia de petróleo y minerales (léase Bolsonaro) o decrecimiento progresivo para la exclusión anestesiada bajo condiciones de contracción económica local y global (Lula). Esas dos parecen ser las alternativas del capitalismo tardío en todo el continente y las dos conducen a la BARBARIE.

Pero, más allá de lo que el status quo propone, los pueblos, no podemos acaso ir más allá?

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