GRACIAS A DIOS, COLAPSO
He estado semanas intentando escribir sobre el colapso civilizatorio y no lograba avanzar porque todo sonaba a profecía apocalíptica, a funeraria del futuro, a ese discurso que nos paraliza justo cuando más necesitamos imaginar, pero anoche mientras leía sobre los mayas me golpeó una epifanía tan simple que duele no haberla visto antes: llevamos décadas celebrando el entierro equivocado, porque los mayas no desaparecieron, siguen ahí, son once millones de personas que hablan sus lenguas, mantienen sus cosmovisiones, cultivan sus milpas y nos miran con la paciencia de quien ya ha visto morir imperios enteros sin necesidad de morirse con ellos, y de repente todo ese relato catastrófico que nos han vendido sobre ciudades engullidas por la selva se reveló como lo que es, una proyección de nuestro propio miedo a soltar el poder, porque lo que realmente ocurrió cuando las estelas dejaron de tallarse y los palacios se vaciaron no fue un apocalipsis sino una reconfiguración profunda, un proces...