AGROECOLOGIA ES ANTIMPERIALISMO PURO Y DURO. (quien lo niega sólo vende humo)

A veces pienso que la lucha más tangible, la que huele a tierra y a capuera, es la que mejor revela los hilos que mueven el mundo. Tomemos el caso del glifosato. No es solo un debate agronómico, es la punta de lanza de un modelo.

Monsanto (ahora absorbida por Bayer) no vende solo un herbicida. Vende un paquete de dependencia: la semilla patentada y genéticamente diseñada para resistir al veneno que solo ellos te venden. Un círculo perfecto. El agricultor deja de ser un productor de vida para convertirse en un cliente cautivo de un insumo. Pierde la soberanía sobre el acto más ancestral: guardar la semilla de su cosecha para la próxima.

Pero el imperialismo no opera solo con facturas. Opera con tratados. Con presión diplomática. Con lobbies que viajan en aviones ejecutivos para escribir las cláusulas finas de los acuerdos de libre comercio. Esos mismos tratados que, bajo la promesa de "modernización", obligan a países a aceptar patentes sobre la vida, a desregular el uso de agrotóxicos que en otras latitudes están prohibidos, y a abrir sus mercados al commoditie agrícola que arrasa con la producción diversa y local.

La prohibición del glifosato, entonces, deja de ser una simple medida sanitaria. Se convierte en un acto de insubordinación. Es romper un eslabón de esa cadena de dependencia. Es desafiar a un gigante corporativo cuyo poder es tan político como económico. Y por eso la resistencia es feroz. Porque lo que está en juego no es la eficacia de un herbicida, sino el control sobre el sistema alimentario de una nación.

Imaginen por un momento la presión que recibe un país que intenta prohibirlo. Los "informes científicos" convenientes, las amenazas veladas de retiro de inversiones, las campañas que pintan a los defensores de la agroecología como nostálgicos que condenan al hambre a su pueblo. Es el mismo guion, repetido.

Por eso, cuando defiendes la agroecología y te paras frente a Monsanto-Bayer, no estás solo discutiendo química. Estás cuestionando una arquitectura de poder. Estás diciendo que la decisión de qué cultivar, con qué medios y para quién, debe nacer del territorio y de sus pueblos, no de una junta directiva en otro continente.

La lucha por la tierra libre de agrotóxicos y la lucha por la tierra libre de dictados foráneos son la misma batalla. Es la batalla por el derecho a decidir. Decidir qué crece en nuestro suelo y, en definitiva, qué futuro crece para nuestros hijos. No se puede abrazar una mitad de esa verdad y fingir que la otra no existe. La coherencia, como la raíz de un árbol, o es profunda y entera, o no sostiene nada.

Como verás no se puede defender la Agroecologia sin condenar cualquier acción imperialista de injerencia o cohercion que avasalle, directa o indirectamente la autoderminacion de los pueblos.

Defender la agricultura familiar, los biopreparados, la Agroecologia, el decrecentismo planificado, el minifundio, la biodiversidad, las cualidades multiproductivas de una chacra, el poder y la organización campesina, etc es plantarse en un lucha eminentemente ANTIMPERIALISTA.

No está en debate, comprendes?

AGROECOLOGIA ES ANTIMPERIALISMO PURO Y DURO.

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