DOS MISIONES Y UN CORPUS: ¿Y SI HACEMOS ELECTRICIDAD CON MANDIOCA?
El debate energético en Misiones está secuestrado por un falso dilema: o aceptamos la represa Corpus, o condenamos a la provincia a vivir a oscuras, dependiendo de generadores diésel que devoran divisas. Esta falsa disyuntiva es la trampa narrativa perfecta para evitar la discusión de fondo: cómo construir una transición energética justa, descentralizada y soberana, que no pase por hipotecar nuestros ríos sino por repensar radicalmente cómo producimos, consumimos y distribuimos la energía que necesitamos. Si tomamos el ejemplo del convenio de Yacyretá con el departamento de Misiones en Paraguay, el proyecto de Fortalecimiento a la Agricultura Familiar que la EBY financia con más de 16.000 millones de guaraníes anuales (unos 2,6 millones de dólares), veremos que ese monto alcanzaría no para los dos generadores que hoy operan en Bernardo de Irigoyen y San Antonio, sino para dieciséis generadores de 400 kVA funcionando ocho horas diarias durante seis meses al año, lo que demuestra que el dinero está, pero se destina a mantener la dependencia en lugar de construir soberanía.
Hagamos números simples pero devastadores: la provincia opera hoy al menos dos grandes generadores transportables, uno de 2190 kVA en Bernardo de Irigoyen y otro de 1,8 MW en San Antonio, que son una respuesta soberana frente a la desidia del sistema interconectado nacional, una solución imperfecta pero necesaria para que la población de esas localidades no quede a oscuras mientras el Estado nacional no garantiza un suministro estable. Con los 2,6 millones de dólares que Yacyretá asigna anualmente al departamento de Misiones en Paraguay para su programa de agricultura familiar, se podría financiar el combustible de dieciséis generadores de 400 kVA en las mismas condiciones operativas, una capacidad de respuesta energética muy superior a la que hoy se utiliza en las localidades más críticas, y sin embargo ese dinero no llega al lado argentino de la represa, donde no existe ningún convenio similar, ninguna partida específica, ningún programa de desarrollo productivo que repare el daño causado a nuestras comunidades y a nuestro ecosistema, porque la agenda binacional ha priorizado los acuerdos financieros y operativos que, lejos de bajar el costo de la energía, lo aumentaron drásticamente al fijar una tarifa única de 28 dólares por MWh cuando antes Argentina pagaba cerca de 16 dólares en la práctica, con el diferencial que cubría CAMMESA en pesos y se licuaba por inflación, mientras que ahora el reconocimiento de un precio mayor por ambas partes busca mejorar la situación financiera de la represa pero termina encareciendo el costo monómico de la energía que pagan los argentinos, todo esto mientras se deja en el olvido la deuda histórica con los territorios afectados.
El convenio que mencionamos no es un acuerdo menor ni una excepción aislada: fue firmado en mayo de 2026 entre la Entidad Binacional Yacyretá, la Gobernación del departamento de Misiones (Paraguay) y el Consejo para el Fortalecimiento Departamental de Misiones (COFODEMI), y tiene como objeto implementar el proyecto de "Fortalecimiento a la Agricultura Familiar con enfoque en labranza de suelo, siembra mecanizada, producción avícola, hortícola y gestión técnica-administrativa", con el objetivo de contribuir al desarrollo social y económico de las familias dedicadas a la agricultura familiar campesina de la región . El monto anual de la inversión es de más de G. 16.000 millones, dividido en dos pagos semestrales, y beneficia a más de 8.000 agricultores misioneros . El titular de Yacyretá, Luis Benítez Cuevas, manifestó su satisfacción por la concreción del convenio que permitirá incidir de manera oportuna en el proceso productivo de Misiones, apoyando a los sectores más vulnerables , y el gobernador del departamento, Richard Ramírez, destacó el aspecto histórico de la firma del documento, que no solo eleva la cantidad de los recursos destinados a la producción y la agricultura familiar, sino que los mismos son otorgados en tiempo y forma, algo que no ocurría en años anteriores cuando los convenios se firmaban ya finalizado el ciclo productivo . Este convenio se inscribe en una política más amplia de la EBY que incluye a los cuatro departamentos del área de influencia de la represa -Itapúa, Misiones, Ñeembucú y Caazapá- con inversiones que alcanzan los 16.500 millones de guaraníes para el departamento de Misiones y una cifra similar para Itapúa, mientras que los otros dos departamentos reciben 4.000 millones cada uno, con el objetivo de asistir a más de 16.500 productores de nueve distritos en el caso del convenio firmado en agosto de 2025 . Y aquí viene el dato que debería encender todas las alarmas en nuestra provincia argentina: el departamento de Misiones en Paraguay tiene 114.542 habitantes, una población prácticamente equivalente a la del departamento de Oberá -en Misiones Argentina- (121.701 habitantes), que es precisamente una de las zonas núcleo de la producción de mandioca, lo que significa que el esfuerzo que Paraguay está haciendo para fortalecer su agricultura familiar con 2,6 millones de dólares anuales en un territorio de similar magnitud demográfica al nuestro podría replicarse perfectamente en Oberá y convertirla en un polo de soberanía alimentaria, si tan solo el lado argentino de Yacyretá exigiera un convenio equivalente. ¿Cuánto podría lograr Misiones con esa misma inversión si se exigiera como compensación por el impacto de Yacyretá en nuestro territorio?
Esta ceguera selectiva no se limita al ámbito energético, porque si aplicamos la misma lógica al análisis de nuestra dependencia alimentaria, el escenario es igualmente absurdo y revelador: gastamos dinero en combustible importado para mantener encendidos los generadores, y también gastamos dinero en gasoil de forma indirecta al transportar papa desde otras provincias hasta nuestros mercados, cuando Misiones produce mandioca en abundancia y con una calidad excepcional que podría sustituir ese producto en la mesa de las familias misioneras, reduciendo la fuga de divisas, fortaleciendo la economía local y generando empleo en el campo , pero ese razonamiento choca contra la inercia de un modelo que prefiere importar antes que producir, que prefiere la gran obra antes que el desarrollo territorial, que prefiere la dependencia antes que la soberanía, y que repite como un mantra la necesidad de Corpus sin detenerse a pensar que la verdadera energía que necesitamos no viene de un río represado sino de la inteligencia colectiva para gestionar nuestros recursos de manera más justa y eficiente, porque si con 2,6 millones de dólares anuales Paraguay fortalece a más de ocho mil productores en un territorio del tamaño de Oberá, ¿qué podría lograr Misiones si exigiera el mismo trato para su propia agricultura familiar?
La transición energética justa no es un eslogan vacío ni una utopía de activistas, es una oportunidad concreta para rediseñar el modelo de desarrollo provincial a partir de nuestras propias capacidades, y el primer paso es dejar de mirar a Corpus como la única solución posible y empezar a exigir que los recursos de Yacyretá, que ya existen y ya se distribuyen del otro lado de la frontera, lleguen también a nuestras comunidades con la misma generosidad y el mismo propósito de reparación y desarrollo, porque si Paraguay puede destinar 2,6 millones de dólares anuales a su agricultura familiar en el departamento de Misiones, no hay ninguna razón válida para que Argentina no exija un programa equivalente para la provincia de Misiones, y si el argumento es que no hay plata, entonces que nos expliquen por qué sí hay plata financiar megaproyectos que nunca terminan de concretarse, o por qué no hay plata para invertir en los pequeños productores, en la soberanía alimentaria, en la eficiencia energética y en el desarrollo local que realmente transforma la vida de las personas, porque el verdadero costo de Corpus no es el que figura en los presupuestos, sino el de seguir postergando un modelo de desarrollo que ponga en el centro a las comunidades y sus capacidades, antes que a las grandes obras y los grandes negocios que siempre prometen el progreso pero nunca terminan de llegar.
Este artículo no es una defensa ingenua de la mandioca como fuente de electricidad, es una invitación a pensar en serio qué significa la soberanía energética y alimentaria en un territorio como Misiones, donde la abundancia de recursos naturales convive con la pobreza y la dependencia estructural, donde los discursos grandilocuentes sobre el desarrollo se estrellan contra la realidad de los cortes de luz y el precio de los alimentos, y donde las decisiones que se toman en las mesas binacionales o en los despachos de Buenos Aires definen el presente y el futuro de nuestras comunidades sin que medie un debate democrático, informado y participativo. Por eso, cuando alguien nos diga que necesitamos Corpus porque los generadores diésel son insostenibles, tenemos que responderle que sí, que los generadores diésel son insostenibles, pero también lo es un modelo de desarrollo que exporta nuestra energía sin compensarnos, que importa nuestros alimentos sin fortalecernos, y que nos ofrece megaproyectos como única salida mientras dilapida la oportunidad de construir un camino propio, colectivo y verdaderamente soberano.
Estamos dispuestos a pagar la electricidad que consumimos con el costo de nuestra soberanía alimentaria, con la pérdida de nuestros pequeños productores, con la dependencia de un combustible que no producimos y con la hipoteca de nuestros ríos, o en cambio preferimos invertir ese dinero en fortalecer nuestras propias capacidades, en producir nuestros propios alimentos, en generar nuestra propia energía de manera descentralizada y en construir un futuro donde los misioneros no tengan que mendigar migajas de un proyecto binacional que nos dio la espalda, sino que puedan vivir y prosperar con lo que su tierra les da, porque la verdadera transición energética justa no pasa por represar más ríos, sino por represar divisas en importaciones que no necesitamos y empezar a pagar nuestras cuentas con lo que realmente tenemos: trabajo, tierra y soberanía.
Las únicas energías del futuro son las Renovables y las únicas energías Renovables son las de la comunidad organizada para el ejercicio de su autodeterminación soberana. Si Yacyretá y el sistema interconectado cumpliesen con sus compromisos y obligaciones, nunca hubiera sido necesario ningún generador diesel en la provincia de Misiones, de modo que usar como estrategia un argumento del tipo "necesitamos Corpus porque usamos generadores diesel" es de mínima repugnante y cruel. Estamos atravesando tiempos que reclaman seriedad y responsabilidad ciudadana e intelectual. Necesitamos discutir energía, y eso representa un debate inmensamente más amplio y complejo que un "si o un no a un mega proyecto industrial", mientras que el consumo de electricidad apenas roza el 19% del consumo total de energía en la provincia.
Energía es un medio para satisfacer necesidades básicas de nuestra población, no una mercancía más del libre mercado, de la misma manera que una represa no es un santuario milagroso que traerá por fé la prosperidad de las mayorías, menos aún en contexto de Decrecimiento por declive energético global. Si siguen teniendo dudas, pueden preguntar a nuestros campesinos y ellos sabrán explicar cómo hasta con mandioca se resuelve la transición en la medida de que lo que se busca sea, ya no negocio para unos pocos sino una auténtica y sustentable justicia social.
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