MILEI EXPLICA POR QUÉ LA SOLUCIÓN NO ES CORPUS
Hay ocasiones en las que un gobierno termina desmontando con sus propios documentos el relato que sostiene una política. Eso es exactamente lo que acaba de ocurrir con el Decreto de Necesidad y Urgencia mediante el cual el gobierno de Javier Milei prorrogó hasta fines de 2027 la emergencia del sistema eléctrico nacional. Paradójicamente, el mismo Estado que continúa impulsando la construcción de la represa de Corpus reconoce que la crisis eléctrica argentina no se debe, principalmente, a una falta de generación. El diagnóstico oficial es otro: redes envejecidas, estaciones transformadoras saturadas, insuficiente infraestructura de transporte, baja reserva operativa y serias limitaciones en la distribución de la energía. Dicho de otro modo, el propio Gobierno admite que el cuello de botella del sistema no está en producir más electricidad, sino en la capacidad para transportarla y distribuirla. Esa sola afirmación deja al principal argumento de Corpus en una situación muy difícil de sostener.
Sin embargo, quienes promueven la represa insisten en los mismos conceptos de siempre. El delegado argentino ante la COMIP, José Antonio López, sostiene que Corpus será "una fuente de energía y una fuente de trabajo", que producirá una enorme cantidad de electricidad para abastecer a Misiones y al resto del país, que permitirá desarrollar infraestructura, reemplazar las obras que quedarían bajo el embalse, generar empleo durante su construcción y resolver un conflicto histórico respecto al uso productivo del río Paraná. Son frases que suenan convincentes mientras no se las confronte con la realidad. Pero una vez que se las analiza detenidamente comienzan a aparecer fisuras cada vez más difíciles de ocultar.
Si el problema energético argentino, según el propio Gobierno nacional, no es la falta de generación sino la precariedad del transporte y la distribución, ¿por qué la respuesta para Misiones vuelve a ser construir otra central hidroeléctrica? Ningún ingeniero resolvería un problema de cañerías construyendo un tanque más grande cuando el verdadero inconveniente está en las tuberías. Sin embargo, eso es exactamente lo que se propone con Corpus. El decreto firmado por Milei obliga a invertir la carga de la prueba: ya no somos quienes cuestionamos la represa los que debemos explicar por qué no hace falta; son sus promotores quienes deben demostrar por qué producir más electricidad resolvería un problema que el propio Estado identifica en otro lugar.
El argumento del empleo tampoco resiste un análisis profundo. Toda gran obra pública genera puestos de trabajo mientras se construye. También lo hacen un gasoducto, una red ferroviaria, hospitales, viviendas, escuelas o rutas. El empleo temporal no puede transformarse automáticamente en la justificación de una obra de semejante magnitud. Lo importante es preguntarse qué inversión deja la mayor capacidad productiva permanente para Misiones y cuál resuelve los problemas estructurales de la provincia una vez terminada la construcción.
Algo similar ocurre cuando se afirma que Corpus permitirá desarrollar infraestructura o reemplazar caminos, puentes y otras obras que quedarían bajo las aguas del embalse. Presentar esas obras compensatorias como un beneficio resulta, cuanto menos, paradójico. No constituyen una ganancia para la sociedad. Son el costo inevitable de reparar aquello que la propia represa destruiría.
Quizás el argumento más llamativo sea el que sostiene que Corpus permitirá resolver un conflicto que lleva treinta años respecto al uso productivo del río Paraná. En realidad, ese conflicto no existe en los términos en que se lo presenta. El Paraná nunca dejó de utilizarse productivamente. Allí están Yacyretá, la navegación comercial, la pesca, el abastecimiento de agua, el turismo y numerosas actividades económicas. Lo que permanece pendiente desde hace treinta años no es un conflicto sobre el uso del río, sino la resistencia de determinados sectores a aceptar el resultado del plebiscito de 1996, mediante el cual los misioneros rechazaron democráticamente la construcción de Corpus. Presentar esa decisión popular como un obstáculo para el desarrollo implica invertir completamente los términos del debate.
La realidad económica de Misiones tampoco acompaña el discurso de quienes sostienen que sin Corpus no habrá desarrollo. Las principales industrias forestales de la provincia hace tiempo resolvieron su desafío energético invirtiendo en plantas de cogeneración mediante biomasa. Hoy generan gran parte de la electricidad que consumen utilizando sus propios residuos industriales y, además, venden excedentes al Sistema Argentino de Interconexión. Es decir, una parte importante del sector industrial utilizado históricamente para justificar Corpus ya produce energía y contribuye al abastecimiento nacional.
Cuando se consulta a empresarios, cámaras industriales y especialistas en desarrollo regional aparece una coincidencia llamativa. Los grandes obstáculos para nuevas inversiones nunca fueron la falta de electricidad. Desde hace décadas los reclamos apuntan a la ausencia de gas natural, al elevado costo del gasoil, a la dependencia casi absoluta del transporte por camión y a los costos logísticos derivados de la ubicación periférica de Misiones. Una industria necesita electricidad, pero también necesita vapor, calor industrial, combustibles para transportar materias primas y productos terminados y una logística competitiva. Ninguna de esas limitaciones desaparece construyendo una represa.
Si el objetivo fuera realmente impulsar el desarrollo provincial, la estrategia sería muy diferente. La construcción de un gasoducto que integre definitivamente a Misiones al sistema nacional, acompañada por una política diferencial para el gasoil que compense las desventajas de una provincia fronteriza, tendría un impacto directo sobre la competitividad industrial. A partir de allí, las nuevas inversiones podrían replicar el modelo que ya funciona en la industria forestal: producir sus propios bienes, generar simultáneamente su propia electricidad mediante biomasa y vender los excedentes a la red. De esa manera el crecimiento industrial fortalecería también el sistema eléctrico sin necesidad de concentrar enormes recursos en una única megaobra. Si alguna vez hiciera falta más energía, esa energía podría surgir precisamente de una provincia con más industrias, no de una provincia inundada para atraer industrias que todavía no existen.
Los defensores de Corpus también sostienen que la elevación de la cota del Paraná potenciará la hidrovía y resolverá los problemas logísticos de Misiones. Pero ese argumento también comienza a desmoronarse frente a la realidad. La provincia ya cuenta con un puerto moderno en Posadas que todavía opera muy por debajo de su capacidad y cuyo funcionamiento continúa buscando consolidarse mediante concesiones y nuevos operadores. Si la infraestructura portuaria existente aún no logra movilizar un volumen de cargas que justifique su pleno aprovechamiento, ¿sobre qué estudios se afirma que elevar la cota del río mediante una mega represa resolverá el problema? Antes de construir una infraestructura mucho mayor, sería razonable explicar por qué la infraestructura disponible todavía no alcanza a movilizar la producción actual. La logística depende de la producción, de los mercados y de la competitividad. No basta con hacer más profundo un río para que aparezcan mágicamente las cargas.
Mientras tanto, otro dato comienza a adquirir cada vez mayor relevancia. Paraguay impulsa una ambiciosa estrategia para convertirse en un polo regional de inteligencia artificial, centros de datos y servicios digitales, actividades que demandarán enormes cantidades de electricidad. En ese contexto, distintos medios paraguayos informaron que Corpus volvió a ocupar un lugar prioritario en la agenda energética binacional. Es un dato imposible de ignorar. Porque mientras en Argentina el propio Gobierno admite que la emergencia eléctrica no se debe a la falta de generación, del otro lado del Paraná aparecen nuevos consumidores con necesidades energéticas extraordinarias. La pregunta entonces deja de ser incómoda para convertirse en inevitable: ¿estamos discutiendo una represa para resolver las necesidades energéticas de los misioneros o para acompañar una estrategia de desarrollo concebida principalmente fuera de Misiones?
El decreto de Milei termina produciendo así un efecto inesperado. Sin proponérselo, obliga a revisar uno por uno los fundamentos históricos de Corpus. Si el problema eléctrico argentino está en las redes y no en la generación, si las principales industrias misioneras ya producen parte de su propia energía, si los verdaderos obstáculos al desarrollo siguen siendo el gas natural, el gasoil y la logística, si el puerto de Posadas todavía tiene un enorme margen para crecer y si, además, el mayor interés por nueva generación hidroeléctrica parece provenir de la estrategia tecnológica paraguaya, entonces la pregunta ya no es por qué algunos ciudadanos desconfían de Corpus. La verdadera pregunta es por qué, después de medio siglo, quienes la promueven todavía no han podido demostrar con estudios públicos, transparentes y actualizados que la represa responde a una necesidad real de los misioneros y no a intereses cuya prioridad se encuentra mucho más allá de las costas de nuestra provincia.
Comentarios
Publicar un comentario