MISIONES: DEFENDER LA LEY COMO SE DEFIENDE EL PALO ROSA

Escuché a Antonio Turiel decir algo que suena a chiste macabro: "la grasa de cerdo tiene la misma densidad energética que el quesoseno, y la grasa humana también, así que al final los cementerios se convertirán en refinerías". No es un chiste. Es el diagnóstico más lúcido y más incómodo que existe sobre lo que llaman "transición energética": no va a ocurrir porque no hay reemplazo posible para los combustibles fósiles. El decrecimiento no es una opción ideológica, es un hecho físico. La pregunta no es si vamos a decrecer, sino quién va a decidir cómo, y quién va a pagar el costo. En Misiones, ese debate ya tiene un actor central que debemos nombrar sin eufemismos: La Libertad Avanza. Son ellos quienes impulsan la sustitución de la yerba mate por soja, la eliminación del minifundio y la apertura sin freno al extractivismo. No lo dicen abiertamente, claro. Hablan de "rediscutir el uso de la tierra", de "flexibilizar" el mercado de tierras, de "darle viabilidad económica" a la producción. Pero en una provincia con más de 26.000 familias campesinas que viven del pequeño cultivo y del monte, esas palabras tienen un solo destinatario: el capital concentrado que espera hace décadas que caigan las últimas barreras para arrasar con lo que queda de la selva paranaense. La Libertad Avanza no presenta proyectos con nombre y número porque su método es la insinuación, la desregulación silenciosa, el vaciamiento por decreto. Pero nosotros sabemos lo que quieren y tenemos la obligación de decirlo: quieren terminar con la agricultura familiar, quieren soja donde hay yerba, quieren expulsar a las 26.000 familias campesinas, quieren que la última selva paranaense sea un recuerdo.

Lo que La Libertad Avanza ha logrado instalar en el sentido común es una idea tan simple como letal: el Estado es el enemigo. El Estado provincial, en particular, debe ser reducido, desfinanciado, vaciado, humillado. Pero lo que nadie dice es que ese achicamiento forzoso del Estado no es un invento de Milei ni de sus aliados locales. Es un fenómeno estructural, inmanente al colapso energético. El Estado moderno es una máquina que funciona con petróleo barato. Necesita combustible para mover tanques, computadoras, burócratas, escuelas, rutas, hospitales, controles ambientales. Cada kilómetro de ruta asfaltada, cada vuelo de un funcionario, cada expediente digital, cada camión que lleva alimentos al interior, cada patrullero que vigila un desmonte ilegal: todo eso tiene una densidad energética que ningún panel solar ni molino eólico va a reemplazar jamás. La energía neta disponible por habitante en el mundo comenzó a caer hace décadas, y ese es el dato que nadie quiere mirar. Cuando la energía se contrae, la complejidad social se contrae. El Estado se alcanza por pura física, no por decisión ideológica. La Libertad Avanza no es pionera ni inventora de nada. No descubrimos la ineficiencia estatal ni la necesidad de reducir el gasto. Lo que hizo fue algo más inteligente y más ruina: surfeó el tsunami de la descomplejización forzosa para orientarlo hacia su único objetivo, que es que el saqueo final sea lo más rápido, brutal y desigual posible. No quiero un Estado más chico para que funcione mejor; Quieren un Estado más chico para que nadie les ponga límites mientras arrasan con los bienes comunes. Por eso atacan al Estado provincial con saña, y por eso celebran cada cierre de hospital, cada ruta abandonada, cada control ambiental desmantelado. No es austeridad: es desarme de la población.

La ultraderecha no creó el declive, pero lo está pilotando como un surfista que elige la ola más destructiva para llegar a la orilla con el botón. Mientras las fuerzas políticas y sociales tradicionales patalean contra lo inevitable —pidiendo más crecimiento en un mundo que ya no crece energéticamente, o gritando pánico sin ofrecer un plan—, La Libertad Avanza avanza con una estrategia letalmente coherente: acelerar el colapso en la dirección que beneficia a sus dueños. No hay ninguna transición energética posible que mantenga el nivel de complejidad actual. Eso ya lo saben los que estudian los picos de petróleo, los que miden la energía retornada sobre energía invertida, los que entienden que no hay sustituto para la densidad calórica de un combustible fósil. La Libertad Avanza lo sabe también, pero no lo dice porque su negocio no es preparar a la población para un decrecimiento digno. Su negocio es que cuando todo se logra, ellos tengan las motosierras. Por eso celebran el achicamiento del Estado: porque un Estado débil no puede proteger la selva, no puede defender las 26.000 familias campesinas, no puede hacer cumplir las leyes que durante décadas construimos para poner límites al saqueo.

Frente a esa embestida, nosotros los misioneros tenemos una respuesta que no es la resistencia ingenua del dique que se rompe, ni la pasividad de quien espera que el tsunami pase. No se trata de soportar sin más. Se trata de organizar la resiliencia con rabia y con método. La encontramos en el corazón mismo de nuestra selva: el palo rosa. El palo rosa tiene raíces superficiales, no se hunde a gran profundidad buscando un anclaje solitario. Eso no significa desapego del territorio, sino todo lo contrario: sus raíces se extienden horizontalmente en un abrazo colectivo, entrelazándose con las de otros palos rosas para formar una red viva que distribuye la tensión y resiste el temporal. No aferrándose a una roca como un náufrago, sino compartiendo el peso con toda la comunidad. Cuando un palo rosa queda aislado por el desmonte, su altura y sus raíces débiles lo convierten en presa fácil del primer viento fuerte. La soledad lo mata. La comunidad lo sostiene. El anclaje al territorio no es vertical ni profundo: es horizontal, colectivo, una trama de raíces que se sostienen entre sí. Es la diferencia entre un árbol solitario que derriba el viento y un bosque entero que se dobla pero no se rompe.

Esa trama no es solo humana, no es solo selva, no es solo memoria. También es legal. La Libertad Avanza tiene en la mira leyes concretas de Misiones, y nosotros debemos defenderlas como quien defiende el agua, la semilla o el territorio. Porque no hay resistencia posible sin herramientas, y esas leyes son las herramientas que nos hemos dado como pueblo. No son papel mojado. Son el resultado de luchas, de acuerdos, de la convicción de que la agricultura familiar, la agroecología, las ferias francas, las semillas nativas, las chacras multiproductivas y las comunidades guaraníes merecen existir más allá de la lógica del capital. La Libertad Avanza no va a venir con un debate público y transparente. Van a intentar derogarlas, vaciarlas de contenido, desfinanciar su aplicación, o simplemente ignorarlas mientras la motosierra avanza. Por eso tenemos que conocerlas, defenderlas, movilizarnos cada vez que las atacan. Defender la ley como se defiende el palo rosa: con raíces horizontales, con comunidad, con la certeza de que cada artículo es un nudo en la red que nos sostiene.

Ley XVI N° 77: ley de arraigo y colonización. Impide que las tierras misioneras terminen concentradas en pocas manos. Es la primera muralla contra el latifundio sojero.

Ley III N° 10: desarrolla y fomenta la feria franca y el mercado zonal concentrador. Es el corazón del campesinado misionero, el lugar donde el pequeño productor encuentra su lugar sin intermediarios.

Ley VI N° 210: crea el programa provincial de huertas escolares. Siembra soberanía desde la infancia, para que los pibes sepan de dónde viene la comida antes de saber multiplicar.

Ley VIII N° 69: ley de agricultura familiar. Es el reconocimiento de un modo de vida, la declaración de que el campesino no es un residuo del pasado sino el sujeto del futuro.

Ley VIII N° 68: fomento a la producción agroecológica misionera. La apuesta por una agricultura sin veneno, sin transgénicos, sin soja, sin destrucción.

Ley VI N° 164: instituye el 26 de agosto como día provincial de la feria franca. Una fiesta de la resistencia, un día para recordar que la economía real no pasa por los bancos sino por las manos callosas.

Ley XVII N° 71: ley de alimentos artesanales. Permite que lo pequeño sea legal, que una abuela pueda vender sus conservas sin que la persiga la burocracia del gran capital.

Ley VIII N° 75: crea el programa Soberanía Alimentaria Provincial. Porque comer no es un mercado, es un derecho. Porque un pueblo que no controla su comida es un pueblo esclavo.

Ley XIX N° 73: ley de emergencia alimentaria. La declaración de que el hambre no espera, de que cuando la gente no tiene para comer, el Estado tiene la obligación de estar.

Ley XVII N° 121: sala de faena artesanal para agricultores familiares. La posibilidad de cerrar el ciclo productivo sin entregar el animal a los matarifes del capital.

Ley VIII N° 80: protección de semillas nativas y criollas. Instituye el 26 de julio como día provincial de la semilla nativa y criolla. Porque quien controla la semilla controla la vida. Porque la semilla no es mercancía, es herencia.

Ley VIII N° 82: ley de agricultura urbana. Porque la soberanía también se construye en los barrios, en los fondos de casa, en las azoteas, en los baldíos recuperados.

Ley VIII N° 90: sistema provincial de manejo sustentable de las abejas nativas. Porque sin polinizadores no hay futuro. Porque las abejas misioneras no son una industria, son un milagro.

Ley VIII N° 86: impulso y desarrollo de la actividad frutícola. La apuesta por la diversidad contra el monocultivo. Naranjas, mandarinas, pomelos, una provincia que podría vivir de sus árboles.

Ley VIII N° 95: Parques productivos sustentables para la producción agroecológica. El territorio pensado para la vida, no para la soja. El diseño de un mundo donde lo pequeño sí es hermoso.

Ley VIII N° 97: declara el día provincial de la soberanía alimentaria. Otra fecha para el calendario de la resistencia. Otro día para recordar que no nos rendimos.

Ley VIII N° 98: programa de utilización de polvo de roca basalto. La geología al servicio de la agricultura familiar. La roca molida que remineraliza el suelo sin agrotóxicos.

Ley VIII N° 99: desarrollo comunitario y fortalecimiento de las comunidades guaraníes. Un reconocimiento tardío pero necesario. La memoria original de esta tierra que nos precede y nos contiene.

Ley VIII N° 100: programa de agricultura inteligente bajo cubierta. Tecnología al servicio de lo pequeño. Invernaderos para el campesino, no para la corporación.

Ley IV N° 99: mujeres en contexto de ruralidad. Porque la lucha campesina tiene nombre de mujer. Porque sin ellas no hay semilla, no hay huerta, no hay feria, no hay futuro.

Ley VIII N° 104: desarrollo de la actividad cericícola. La cría de cerdos como tradición, como economía familiar, como resistencia al cerdo industrial enjaulado.

Ley VIII N° 107: fomento de la producción de azúcar rubio artesanal. La dulzura que no viene de la agroindustria, sino del trapiche familiar, de la caña cortada a mano.

Ley VIII N° 110: declara septiembre como mes de la agroecología. Un mes entero para recordar que otra agricultura es posible. Treinta días de visibilidad para lo que hacemos todo el año.

Ley VIII N° 114: desarrollo del cultivo y recolección de hongos comestibles. La biodiversidad como despensa. El monte como proveedor. La micología como ciencia popular.

Ley VIII N° 116: régimen de impulso integral de las chacras multiproductivas. La síntesis de todo lo anterior. La chacra viva, diversa, campesina, misionera. El modelo que se niega a morir.

Cada una de estas leyes es una raíz horizontal. Cada una es un nudo en la roja que sostiene al palo rosa. La Libertad Avanza va a venir por cada una de ellas. No de una vez, porque eso generaría resistencia. Las irán desfinanciando, vaciando, ignorando. Dirán que son obsoletas, que son costos que la provincia no puede afrontar, que hay que "flexibilizar" para atraer inversiones. Mentira. No son obsoletas: son más vigentes que nunca, porque sin ellas el saqueo sería total. No son costos: son inversiones en el único futuro posible, el de la tierra viva. No hay que flexibilizar nada: hay que blindarlas, defenderlas, movilizarse por ellas.

Por eso vamos a pararnos con las 26.000 familias campesinas en cada desmonte anunciado. Por eso vamos a hacer de cada feria franca un bastión, de cada huerta escolar una trinchera, de cada semilla nativa un acto de desobediencia. Por eso vamos a recordar los números de estas leyes como quien recuerda el nombre de los antepasados. Porque no es burocracia. Es el mapa de una provincia que eligió defender la vida antes que el capital. Es la memoria escrita de que aquí hubo un pueblo que dijo basta. Es la garantía de que cuando pase la tormenta, el palo rosa va a seguir en pie.

La Libertad Avanza no va a tener éxito. No va a pasar. No van a arrancar con nuestra selva. No van a expulsar a nuestras familias campesinas. No van a derogar nuestras leyes. Pueden tener el poder transitoriamente, pueden tener los micrófonos, pueden tener la motosierra. Pero no tienen las raíces horizontales. No tienen la comunidad entrelazada. No tienen a los palo rosa. Nosotros sí. Y nosotros no nos rendimos.

El decrecimiento es irreversible y será brutal. La energía que durante un siglo nos permitió el lujo de un Estado centralizado se está agotando. Los hospitales van a cerrar servicios, las rutas se van a desfondar, los controles ambientales van a ser cada vez más débiles. Pero eso no significa que gane el saqueador. Significa que debemos organizarnos con más conciencia, con más rabia, con más ternura. Significa que el Estado grande se achica, pero la comunidad grande se agranda. Significa que cuando el poder formal se retira, el poder real —el de la tierra, la semilla, la feria, la ley defendida en asamblea— se vuelve imparable.

Que La Libertad Avanza surfeé su ola. Nosotros vamos a ser el palo rosa. Vamos a echar raíces horizontales para anclarnos los unos a los otros. Vamos a entrelazar nuestras ramas para que el viento nos golpee pero no nos quiete. Vamos a defender estas leyes como quien defiende el agua de la última vertiente. Porque no vamos a perder. Porque la selva no se rinde. Porque las 26.000 familias campesinas no se van a ir. Porque las semillas nativas no se olvidan de germinar.

Va a pasar la tormenta. Va a bajar el agua. Y cuando todo eso termina, los que vinieron a saquear se van a encontrar con esto: la selva sigue en pie, las chacras siguen produciendo, las ferias siguen llenándose, las leyes siguen vigentes, y los palo rosa siguen acá. Con nuestras raíces entrelazadas. Con nuestra memoria intacta. Con la certeza absoluta de que no nos movieron, no nos callaron, no nos vencieron.

No pasarán. Vamos a vencer. El palo rosa resiste. Y los misioneros somos el palo rosa.

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