UNA LUCHA, TODAS LAS TRINCHERAS.
Hace tres años, tomaba una decisión que contribuyó de manera decisiva a mi comprensión de la lucha: me presentaba como candidato a Intendente de Cerro Corá.
El recuerdo que me trae Facebook hoy no es de nostalgia, sino de reafirmación. Reafirmación de un principio que guía cualquier transformación seria: los movimientos populares no pueden tenerle miedo al poder. Debemos aprender a construirlo, ejercerlo y disputarlo en todos los terrenos.
Participar en esa elección no fue un gesto aislado. Fue un acto de coherencia política con la Agroecología —que es un proyecto de sociedad— y tuvo un efecto inesperado que confirmó su valor: en aquellos días, empezaron a llegarme voces y mensajes desde otras provincias y países donde compañeros y colectivos empezaron a ver la iniciativa no como una anécdota, sino como un ejemplo. Como una prueba de que era posible y necesario llevar las banderas de la soberanía alimentaria y el poder territorial a la arena institucional.
Esa fue la mayor lección: nuestro paso por las urnas trascendió lo personal y se convirtió en un ensayo político colectivo. Demostró algo crucial: la soberanía de los territorios no es un eslogan, es la capacidad concreta de decidir, y para ello necesitamos herramientas de gobierno. Sin incidencia en el presupuesto, las ordenanzas o la planificación, nuestro trabajo siempre dependerá de quien sí ocupe ese lugar.
Aquella candidatura fue, por lo tanto, una trinchera abierta en la misma lucha. No era “entrar en el sistema”, sino intervenir desde adentro con una lógica distinta: la del cuidado común, la autonomía campesina y la economía al servicio de la vida. Fue llevar la dirección política de nuestros movimientos al lugar donde se diseñan las reglas del juego.
Fue difícil, sí. Pero el mayor error sería creer que el cambio real se construye desde fuera de todos los espacios de poder. La política, en su sentido más hondo, es el arte de transformar la realidad. Y lo que ocurrió aquella vez —la resonancia en otros territoris— nos mostró que, cuando damos el paso, no estamos solos. Estamos trazando un camino para muchos.
Sigo convencido, hoy más que nunca: la batalla por otro modelo pasa, inevitablemente, por construir poder local con raíces campesinas y populares. Y eso, seamos claros, se hace con el ejemplo.
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