POR UNA TRIBU CON BANDERA DE HORMIGA AZTECA.
Mientras nos preparamos para la entrega gratuita de nuestras semillas de maíz nativo criollo Mbya Guaraní y los bioinsumos que elaboramos aquí con nuestras manos, notamos que algo resuena de manera extraña en el aire, una disonancia que nos llega desde afuera cuando anunciamos lo gratuito, como si en estos tiempos de ofensiva ideológica literalmente fascista donde todo debe tener un precio y una transacción de por medio, ofrecer algo sin moneda generara desconfianza o incomprensión, y justo por eso mismo es más necesario que nunca recordar que nuestra memoria es más larga y más profunda que esta moda del sálvese quien pueda, que nuestra enseñanza viene de otros lugares, de otros tiempos que siguen latiendo aquí nomás en la selva, y fue entonces que recordamos al ambay y a la hormiga azteca, esa pareja perfecta que habita nuestros montes en el noreste argentino, en Paraguay, en Brasil, y que nos lleva siglos de ventaja entendiendo algo que nosotros parece que estamos olvidando: que la vida se sostiene en el apoyo mutuo, que lo gratuito no es debilidad sino estructura profunda de lo que perdura, porque el ambay, ese árbol de crecimiento rápido de tallos huecos que llamamos también amba'y, ofrece sin pedir nada a cambio su refugio y su alimento, abre sus entrañas para que las hormigas aniden allí y produce en la base de sus hojas esos pequeños cuerpos de Müller que son como ofrendas comestibles, un regalo que el árbol entrega generosamente cada día sin facturar ni cobrar, y las hormigas del género Azteca, al recibir esta gratuidad absoluta, no se limitan a consumir y quedarse cómodas, sino que responden con una entrega total, con una defensa aguerrida del árbol que las alberga, protegiéndolo con fiereza de todo bicho que quiera comer sus hojas, de toda enredadera que pretenda asfixiarlo, convirtiéndose en un ejército diminuto pero imparable que custodia la vida de quien les dio casa y comida sin condiciones, y eso es exactamente lo que llamamos simbiosis, eso es lo que la naturaleza nos viene gritando desde siempre: que el dar primero, el dar sin asegurar el retorno, genera redes de cuidado mucho más poderosas que cualquier contrato, que la gratuidad es el cimiento sobre el cual se construyen las defensas más efectivas, porque cuando nosotros hoy entregamos gratis estas semillas de nuestro maíz nativo, estas semillas criollas que nuestros abuelos y abuelas guardaron a lo largo de generaciones atravesando guerras y pestes y exclusiones, cuando entregamos también los bioinsumos que aprendimos a elaborar aquí en nuestra comunidad recuperando saberes antiguos mezclados con ciencia nueva, nosotros estamos haciendo exactamente lo mismo que el ambay, estamos ofreciendo refugio y alimento sin pedir moneda a cambio porque estas semillas no son mercancía que se vende sino legado que se comparte para que la vida siga, y estamos plenamente convencidos de que al hacerlo, al lanzar estas semillas al mundo como quien ofrece sus tallos huecos y sus cuerpos de Müller, van a aparecer las hormigas, van a aparecer todos aquellos y aquellas que al recibir este regalo se convertirán en defensoras naturales del maíz nativo, gente que plantará y cuidará y reproducirá y compartirá a su vez, gente que entenderá que al recibir gratis adquiere el compromiso más sagrado que existe que es el de proteger lo recibido, y así entre todos y todas, como el ambay y sus hormigas, vamos tejiendo esa red de simbiosis que es la única que realmente resiste, porque lo gratuito no es ingenuidad ni es debilidad, es la inteligencia profunda del monte que sabe que para sobrevivir hay que ofrecerse primero, hay que confiar en que la vida cuando se da generosamente encuentra siempre quien la defienda, y por eso pronto estaremos compartiendo cómo hacer para llegar a estas semillas y estos bioinsumos, no como quien anuncia un producto sino como quien extiende una invitación a entrar en esta danza de reciprocidad, en esta alianza sagrada entre el ambay que da y la hormiga que cuida, entre nosotros que compartimos el maíz y ustedes que al plantarlo se convierten en guardianes, porque de eso se trata todo esto, de entender que la lógica del desierto que todo lo mercantiliza no es la única lógica posible, que la selva nos muestra otro camino desde hace milenios, el camino de la gratuidad que genera defensa, el camino del apoyo mutuo que es la verdadera fuerza, el camino de la simbiosis donde todos florecemos porque primero alguien tuvo la generosidad de ofrecer su hogar.
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